Hace pocos días apareció una nueva edición de nuestra revista Antioquia Histórica, correspondiente a los números 78 y 79. Hoy tenemos el gusto de presentarles aquí la correspondiente edición digital. Pueden acceder a ella haciendo clic en la imagen:
Blog del Centro de Historia de la Ciudad de Antioquia. Creado y mantenido por Juan Guillermo Toro Martínez.
lunes, 8 de abril de 2019
miércoles, 19 de diciembre de 2018
El Bienmesabe, edición N° 36
Compartimos con nuestros amables lectores el último número de El Bienmesabe, el periodiquito que, cada vez que puede -o le provoca -nos regala don Samuel Aguinaga A, secretario del Centro de Historia.
Con el desorden acostumbrado y su redacción desenfadada, esta vez, entre otras cosas, Samuel nos propone una interpretación del posible origen de nuestra fiesta de los Diablitos, próxima a comenzar, el cual remonta a los últimos años del siglo XVI, concretamente a 1598, gracias a las travesuras del portugués Damian de Silva, tercer esposo de doña Juana Taborda.
También aborda Samuel una interesante versión de por qué el gobernador Gregorio María Urreta trasladó, en 1826, la capital del departamento a la ciudad de Medellín ("Esas fueron cosas de Rosalía", dice Francisco Guisao que contestaba Urreta cuando le preguntaban por la causa de su decisión...)
Como siempre, una lectura muy agradable que registramos convencidos de que, con los años, El Bienmesabe será una fuente de consulta importante sobre la historia del siglo XX en la ciudad de Antioquia. Disfrútenla:
Con el desorden acostumbrado y su redacción desenfadada, esta vez, entre otras cosas, Samuel nos propone una interpretación del posible origen de nuestra fiesta de los Diablitos, próxima a comenzar, el cual remonta a los últimos años del siglo XVI, concretamente a 1598, gracias a las travesuras del portugués Damian de Silva, tercer esposo de doña Juana Taborda.
También aborda Samuel una interesante versión de por qué el gobernador Gregorio María Urreta trasladó, en 1826, la capital del departamento a la ciudad de Medellín ("Esas fueron cosas de Rosalía", dice Francisco Guisao que contestaba Urreta cuando le preguntaban por la causa de su decisión...)
Como siempre, una lectura muy agradable que registramos convencidos de que, con los años, El Bienmesabe será una fuente de consulta importante sobre la historia del siglo XX en la ciudad de Antioquia. Disfrútenla:
Aunque muy pocos de mis paisanos leen este impreso,
según lo decía mi amigo Alirio Villa Garro, quien falleció el 16 de octubre del
presente año, 2018, no falta quién lo mire de paso y lo comente por ser relatos
breves o historias contadas que me agrada recordar y que algunas son medio
conocidas por muchos. Había anunciado que escribiría antes de las fiestas decembrinas
y como lo prometido es deuda, según lo dice un adagio, aquí va este Bienmesabe
con información sobre los diablitos a ver si mis amigos y demás personas se
animan y se disfrazan el 29 de diciembre.
Comienzo por informar que el 29 de diciembre del
año pasado, 2017, se vendieron 373 fichos, pero hasta donde pude medio contar los
participantes pasaron de 450 porque muchos salieron sin el ficho. Esto superó
los cálculos que teníamos los organizadores y, salvo algunos pocos
inconvenientes debidos al licor que tomaron los diablitos, todo salió muy bien.
Precisamente, para este año, la Junta y los
organizadores vamos a hacer algunas innovaciones con el fin de mejorar esta
tradicional fiesta de los antioqueños de la Ciudad de Santafé de Antioquia.
Veamos cuales pueden ser:
No se cobrará el ficho, pero los que se vayan a
disfrazar deben reclamarlo antes de salir para participar en las rifas que se
harán una vez termine el desfile y también para saber el número de participantes.
Solicitaremos el acompañamiento de varios policías
a pie y de una ambulancia del Hospital, eso sí, sin que ponga a sonar la sirena
porque no dejaría oír la música.
No sobra anotar que la salida será del Coliseo del
Llano de Bolívar a la hora fijada en el programa y el recorrido el mismo de los
años anteriores. Una vez en la tarima que estará en la Plaza Principal se harán
varias rifas como se han venido haciendo desde el 2013. Antes de salir el
desfile, los diablitos bailarán unas cuantas piezas; luego de la larga caminada
bailando y divirtiéndonos en todo el trayecto, descansaremos en La antigua
Glorieta del barrio Buga, grato recuerdo del Gobernador José Antonio Mon y
Velarde, mojón de nuestra historia de donde salen todos los desfiles que se
hacen en la Ciudad; de ésta bajaremos a la Plaza Principal por la Calle del
Medio. El recorrido es de casi 2 kilómetros, pero las personas que no quieran
hacerlo todo pueden esperar en la Glorieta, sitio que se tiene como punto de
encuentro.
SUGERENCIAS:
La Junta de Fiestas y los organizadores del desfile
sugieren muy respetuosamente a los participantes no tomar licor durante el desfile
para que todos disfrutemos sin problemas de la alegría de nuestras tradicionales
Fiestas de los Diablitos, tal como hemos venido haciéndolo en los años
anteriores. Esta es una sugerencia muy respetuosa, no una imposición o
exigencia.
Igualmente, queremos que los disfrazados luzcan un
bonito disfraz con sus cotizas o alpargatas en los pies, porque disfrazado con
tenis o zapatillas se ve horrible; no dejar ver el cabello ni las orejas y de
ser posible colocar guantes en las manos. Lo importante de un disfrazado es que
no lo conozcan. En todo caso, se debe tener una excelente presentación porque los
diablitos son un patrimonio de la Ciudad que debemos cuidar y conservar en las
mejores condiciones posibles.
También sería bueno que salieran en grupos de dos o
más para que la fiesta sea compartida y mejor aprovechada. Un disfrazado solo
no disfruta lo mismo que acompañado.
Igualmente, apoyar a los organizadores para que en
este desfile no se arrojen sustancias de ninguna clase y, de ser posible,
formar comparsas, es decir grupos de diablitos vestidos en igual forma y salir
bajo la dirección de uno de los compañeros.
Antes de seguir este escrito quiero aclarar lo
siguiente: el espacio público donde antes se hacía el mercado es la Plaza
Principal de Bolívar, mide casi una hectárea y dentro de ésta se encuentra el
Parque Juan del Corral, según Acuerdo del H. Concejo Municipal de 1924. Por eso
no menciono el parque, sino la Plaza Principal, cuando me refiero a esta parte
de la Ciudad.
Sigamos:
ALGO QUE OCURRIÓ.
Cómo les parece que el 2 de octubre de este año, 2018,
me invitaron a participar en la inauguración del “Festival Gastronómico El Bienmesabe”,
que se hizo en el primer piso del viejo
edificio de la Gobernación de Antioquia, en Medellín. Como se trataba del
nombre del árbol que vengo promocionando desde hace varios años, de uno que hay
en mi casa, llevé frutos maduros y hojas para mostrarlas a los asistentes.
Cuando menos pensé, dijo el Sr. Adrián Vahos, Presidente de la Corporación de
Turismo de la Ciudad y encargado de la organización del acto, que seguía yo en
el uso de la palabra, por lo que me subí al estrado muy asustado y hablé un
poco sobre la fruta del Bienmesabe, pero al final, para tratar de quedar bien con el
público que nos acompañaba, recité unos
versos de la poesía titulada “Canas de Eternidad” de nuestro poeta Jorge
Robledo Ortiz, que aunque se refiere a la iglesia de Santa Bárbara menciona el
Bienmesabe. Al comenzar a recitar
gozaba sacando pecho, pronunciando despacio las palabras, valga decir con buena
entonación, con voz ronca, aunque no me había tomado un traguito de ron
caliente como debe hacerlo un buen declamador, y como si estuviera preparado
para ello, dije más o menos así: “Iglesita de antaño, humilde Santa Bárbara/
Recostada a la gloria de un silencio frutal,/ Yo soy aquel chiquillo que
recogió en tu plaza/ La piel del BIENMESABE, la sombra de las palmas,/ El
juguete de un trino y el eco virreinal.
“Dinos que EL BIENMESABE aún conserva su savia; /
Que los niños de ahora también pueden jugar: / Que el agua sigue fresca si es
buena la tinaja/ Y que tú nos suplicas por tus siglos de canas/ Que si alzamos
la mano, sea para perdonar/ Abuela de mis padres: vine a traerte un canto/ Y a
recordar que un día también supe rezar”.
Al final vinieron los aplausos y yo me sentía como
un rey. Creo haberlo hecho tan bien que hasta me dieron un esponjoso tamal con
buena y aliñada presa, así como una arepa bien asada y bien raspada. Siguieron algunos discursos y actuaciones y
en un momento dado anunciaron la salida de los diablitos de Santafé de
Antioquia y, claro, todos estuvimos muy pendientes. Comenzó la música y salieron
los disfrazados; para mí los participantes se veían muy animados pero los
disfraces lucían desteñidos como de unos FALSOS DIABLITOS y las máscaras
parecían como de ahora cinco años o más, sin cubrir parte de la cabeza; a las
mujeres se les veían los aretes, en fin, muy mal presentados. Personalmente le
dije al Sr. Alcalde, allí presente, que los diablitos eran un patrimonio de
nuestra Ciudad y que si no se podían sacar en buenas condiciones, mejor no se
llevaran a ninguna parte y él me comentó que el público había quedado muy contento. Yo si quedé muy inconforme porque estoy
acostumbrado y me gusta mucho verlos bien presentados, tal como deben ser los
diablitos de Santafé de Antioquia.
No voy a criticar lo que se hizo porque es mejor
ver y callar, y eso tengo yo que todo me lo guardo sin pronunciar una sola
palaba, pero en este caso sí debo decir que desde hace unos 25 años organizo
los diablitos del 29 de diciembre y siempre les he exigido muy buena
presentación y hasta ahora todos salen orgullosamente disfrazados con sus elegantes
capirotes, pantalones de colores en bombachos, capa ancha y larga, cotizas o
alpargatas y todo lo demás que conforma el lujoso y sobresaliente vestido de un
diablito. Miren las fotos que hay en el muro del Hotel Mariscal Robledo o en el
Museo Juan del Corral y verán que no hay forma de señalar al mejor porque todos
son iguales de bonitos.
OTRA COSA SIN IMPORTANCIA COMO TODO LO MIO.
A mis
queridos diablitos les tengo un comentario que me parece bueno. Aquí va, pero
comencemos por el final:
Dicen los que saben que todo en la vida es cíclico
y que todo en una u otra forma se repite. Bien: en 1826, el Gobernador de
Antioquia de ese entonces, Coronel Gregorio María Urreta quien tenía su sede en
nuestra Ciudad, le propuso a su novia, quien residía en Medellín y se llamaba
Rosalía, que se casaran y ésta le contestó que no porque ella no se iba a venir
a vivir a este calor de Santafé de Antioquia. Entonces, el citado funcionario
hizo todas las gestiones necesarias para trasladar la capital a Medellín lo que
consiguió con su amigo el General Santander que ocupaba la Vicepresidencia de
la República y se desempeñaba como si fuera el Presidente por ausencia de
Bolívar que estaba en el Perú y, efectivamente, una vez allá se casaron. Con el
paso del tiempo, cuando ya eran viejos, cuentan que dizque le preguntaban al
exgobernador por qué había hecho trasladar la capital del Departamento a Medellín
y éste respondía, mostrando su descomunal colmillo que tanto lo afeaba: “Esas
fueron cosas de Rosalía…” (Tomado del libro de Francisco Luis Guisao Moreno,
titulado “La Fiesta de los Diablitos y otras fiestas en la Ciudad de
Antioquia”.
Pero hay más: en el mismo libro, en la página 74 se
encuentra la siguiente historia: “Gobernantes y demás personalidades de la
Ciudad de Antioquia estaban acostumbrados a que de los diablitos, sainetes,
bundes, comparsas o testamentos de “Don Pericles Carnaval” les llegara crítica
mordaz o burlesca. Ni de ellos, ni de sus sirvientes, empleados o seguidores,
se esperaba una reacción violenta. Sin embargo: el 28 de diciembre de 1825 un
diablito tuvo la infortunada intervención de “cantarle” (trovarle) al
Gobernador Coronel Gregorio María Urreta, en la casa de éste, una falta militar
no sancionada, y cometida en la lucha por la independencia. El Gobernador
guardó silencio tolerante; pero un guardaespaldas suyo esgrimió un arma de
fuego y le disparó al diablito, matándolo en el acto”.
Dicen que este hecho de violencia también influyó
mucho para que el citado Gobernador se aburriera en nuestra Ciudad y apoyado
por otras poblaciones como Medellín, Marinilla, Rionegro y Santa Rosa buscara
el traslado de la capital de la Provincia.
Según el mismo libro, las anteriores
consideraciones sirvieron a Bernardo Martínez Villa para que escribiera un
artículo que tituló: “Por un diablito y por el amor de una dama perdió
Antioquia la capitalidad”.
Como podemos deducirlo, los diablitos, han tenido
mucha importancia en la vida de nuestra Ciudad y hasta tuvieron su parte en el
traslado de la capital del Departamento a Medellín y han sido la fiesta
principal de los antioqueños. Dice el mismo Francisco Guisao en el libro
comentado que “cuando la buena o la mala suerte nos ha llevado a tierras
extranjeras, por acomodados y distraídos que en ella nos encontremos, al llegar
el 28 de diciembre nos entristecemos y dedicamos ese día en todas sus horas al
recuerdo melancólico de nuestra Ciudad y de seguido nos preguntamos ¿Cómo
estarán en Antioquia?”
En tantos años de vida de los diablitos, éstos han
hecho y les han ocurrido muchas cosas. Por ejemplo, en el año 2009 escribí en
el santafereño lo siguiente: “Para mí, el diablito más viejo que aún vive se
llama Nino Urrego. Éste, como cuando era joven sabía el arte de la sastrería,
por allá como en 1960 hizo un disfraz de militar, color verde oliva, con
cachucha y la máscara que era la cara de Fidel Castro, de moda en ese tiempo
debido a que había triunfado en su revolución cubana, con larga barba y tabaco
habano en la boca. Fue tan impactante su figura que una vez salió a la plaza
marchando, por ahí al frente del restaurante de Gerardo Macías, dos policías lo
cogieron y lo metieron a la cárcel. Afortunadamente, el Dr. Guillermo Tascón
Villa se enteró de lo ocurrido, fue al sitio de su detención, habló por el
diablito y pasado un buen rato lo soltaron. Pocas ganas de disfrazarse le
quedaron a Nino y no era para menos.”
En cuanto a las mujeres, como estábamos en una
sociedad machista, se les prohibía disfrazarse, pero muchas, como lo que más se
prohíbe es mejor, gozaban de diablitas y bailaban como si fueran hombres. Del
siglo pasado recuerdo mucho a Sayo Arboleda y a Mercedes Carvajal.
Ya se me está olvidando lo que les quería contar.
Yo confieso ante vosotros diablitos que no me distraeré más. Vamos:
Hace 113 años, o sea que esto ocurrió en 1895,
estaban los diablitos de ese tiempo preparando sus hermosos y coloridos
disfraces para salir a caballo el 28 de diciembre desde las tres de la mañana
porque ese año, el día 27 era la inauguración del
Puente de Occidente y el 28 tenían la visita en la Ciudad del Sr. Gobernador
del Departamento, su esposa y demás integrantes de su comitiva. No podían estar
mal presentados como estuvieron en Medellín en la fecha que ya comenté y que no
quiero volver a recordar. El saber que los diablitos en ese tradicional y
esplendoroso día eran el centro de la fiesta, le movía el piso a cualquiera de
los que acostumbraban disfrazarse y había que echar la casa por la ventana para
quedar muy bien. Además, los antioqueños de ese tiempo tenían lo que ahora no
tenemos: mucho amor por la Ciudad y por las celebraciones que se hacían en su
tierra: su querida Antioquia o Santafé de Antioquia, ni sé cómo es que se debe
decir, porque la Honorable Asamblea de Antioquia, de hace varios años, nos
trabó nuestra identidad.
Esto me está quedando bueno, pero como me emociono
mucho, de nuevo comienzo a envolatarme. Les había dicho en otro Bienmesabe que
el Puente de Occidente fue inaugurado el 27 de diciembre de 1895 y que creía
que esto se había hecho para que el Sr. Gobernador del Departamento y su
comitiva estuvieran en nuestra Ciudad el 28, día clásico de los diablitos.
Pues bien, la cosa fue y no fue tan así ¿Saben qué
fue lo que ocurrió? Pues que la señora del Gobernador de ese tiempo, que se
llamaba María de Jesús Valenzuela, era de aquí de Santafé de Antioquia, se
había ido a vivir a Medellín hacía muchos años y quería estar aquí el 28 de diciembre, acompañada de su esposo
que era nada más ni nada menos que la primera autoridad del Departamento y por
eso deduzco que le solicitó que la inauguración del puente la hiciera el 27 de
ese mes para el 28, día especial de los diablitos, disfrutar observando el
espectáculo y darse su champucito ante sus amigas y paisanos en la vieja Ciudad
de sus mayores. Todo lo consiguió y ahí nos dejó la historia para agregarla a
la que ya hemos venido escribiendo.
Conclusión: como lo decía nuestro Profesor Don
Julio Ochoa Vélez, en todo lo que ocurre de importancia, encontramos de por
medio una mujer. En el caso nuestro, vemos su intervención en el traslado de la
capital del Departamento a Medellín y en la inauguración del Puente de
Occidente.
Ese Gobernador, esposo de nuestra paisana y que le
correspondió recibir el Puente de Occidente se llamaba Julián Koch Bayer y era
oriundo de Riosucio (Caldas), donde celebran las fiestas del Diablo, muy
distintas a las nuestras. Lo de que la Sra. María de Jesús Valenzuela era de
Santafé de Antioquia lo encontré en el libro “Gobernantes de Antioquia”, página
444, de la Academia Antioqueña de Historia. El que diga lo contrario que lo
pruebe.
Bien: Pasó lo que les quería contar y ahora les comentaré lo siguiente: Este
año tenemos un problemita con la pasada de los diablitos a caballo por la Plaza
Principal y entonces los organizadores del 28 de diciembre le enviamos al Sr.
Alcalde el memorial que a continuación transcribo:
Santafé de Antioquia, noviembre 27 del 2018.
SR.
SAULO ARMANDO RIVERA FERNÁNDEZ
ALCALDE MUNICIPAL.
LA CIUDAD.
Con el mayor respeto, nos permitimos exponerle lo siguiente:
Sin que pueda precisarse el año y sin que aparezca en ningún documento
histórico, se ha dicho que desde los
tiempos de la Colonia Española en América, pasados algunos años de
iniciadas las fiestas decembrinas de Santafé de Antioquia, los disfrazados de
diablitos comenzaron a salir a caballo de las playas del rio Tonusco a las tres
o cuatro de la mañana del 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes y se convirtieron
en parte tan importante de esos regocijos, que con el paso del tiempo, las que
antes se llamaban Fiestas de Cañas, comenzaron a llamarse Fiestas de los
Diablitos y con este nombre fueron declaradas oficialmente como las fiestas de
nuestra Ciudad en 1653 por el Gobernador de la Provincia de Antioquia de ese
entonces.
De la mitad del siglo pasado para acá, los
disfrazados a caballo han venido en franca decadencia, por lo que los firmantes
de este escrito y el Sr. Augusto Carvajal, quien se encuentra ausente, desde el
año 2016 venimos promocionándolos y organizándolos para que esta parte de las
fiestas no se acabe en presencia de nosotros.
En reunión
que se hizo el 20 de noviembre en la Oficina de la Secretaría de Educación, se
nos informó de la dificultad en que se encuentra la Administración Municipal
para permitir este año el paso de los diablitos a caballo por la Plaza
Principal por estar recién remodelada y porque se está tratando de sacar del
casco urbano los caballos con los que sus propietarios trabajan en el Parque de
La Chinca y se desplazan por el Centro Histórico.
Sobre lo anterior queremos dejar muy claro lo
siguiente:
Todos estamos de acuerdo que se organice el Centro
de la Ciudad y que el espacio público, que en su totalidad es para el disfrute
de la comunidad, se deje libre de estos animales que obstaculizan el movimiento
de los ciudadanos y con sus excretas ensucian el piso y mantienen la parte
donde los ubican en desaseo. Nuestra Plaza Principal y los parques no son para
tener animales trabajando en el transporte de niños o adultos. Otros deben ser
los sitios para esta clase de diversión.
En cuanto al paso de los disfrazados a caballo por
la Plaza Principal, debe tenerse en cuenta que ésta es una tradición que tiene
más de 400 años, porque según estudios recientes parece que en nuestra Ciudad
nacieron los diablitos a caballo en 1598 con el Portugués Damián de Silva a la cabeza,
quien por esos años pagaba condena de destierro y para poder disfrutar de las
fiestas decembrinas sin ser conocido por las autoridades, decidió disfrazarse a
caballo con varios de sus compañeros y desde entonces los disfrazados han
corrido en sus semovientes con sus máscaras de papel, sobresalientes capirotes
y anchas y brillantes capaz el 28 de diciembre de cada año por todo lo que
es el Centro Histórico de la Ciudad.
Igualmente, debe observarse que los diablitos a
caballo pasarán por el viaducto por donde transitan los carros, esto es, por
uno de los extremos de la plaza sin detenerse, de modo que solamente se demorarán
máximo tres minutos para recorrer esa cuadra y mostrarse al público que allí los
espera para admirarlos, distinto a lo que hacen los que tienen sus caballos de
trabajo que pasan horas en un mismo sitio aguardando los clientes para
prestarles sus servicios.
Toda norma tiene su excepción y en este caso los
diablitos a caballo, por tradición histórica, son la excepción.
Por lo anteriormente expuesto, le solicitamos muy
respetuosamente al Sr. Alcalde Municipal, permitir el paso de los diablitos a
caballo por la Plaza Principal el día 28 de diciembre del año en curso, tal
como al parecer han venido haciéndolo en los más de cuatro siglos que tienen de
estar alegrando nuestras fiestas de final de año.
Del Sr. Alcalde, muy atentamente,
GERARDO VILLA GARRO PACHITO
FERNANDEZ GÓMEZ.
Samuel Aguinaga A.
Pensaba dejar esto hasta aquí
para no revolver lo de los diablitos con otras cosas, pero mejor sigamos
recordando el pasado y a mi amigo que me criticaba tanto por querer escribir El
Bienmesabe sin saber hacerlo, con lo siguiente; en un municipio cercano a esta
Ciudad, donde trabajó Alirio Villa de secretario del Juzgado, hace ya más de 40
años, nombraron un juez con problemas mentales. Ante esta situación, el Sr.
Personero Municipal dirigió un telegrama al superior inmediato en el que le
decía: “Por favor, cámbienos de loco”. La entidad nominadora, luego del juicioso
estudio que ameritaba el caso, nombró una jueza que, coincidencialmente,
también era loca. Entre otros hechos recuerdo que varias veces que vino a mi
casa aquí en Santafé de Antioquia, no dormía ni dejaba dormir e insistía a mi
señora para que le hiciera una trenza bien larga y gruesa sin tener el cabello
largo y suficiente para hacerle ese peinado.
Sigamos a lo bien hablando de LOS DIABLITOS DE SANTAFÉ DE
ANTIOQUIA.
Nadie sabe exactamente en qué
año, por quién ni por qué razón se iniciaron los llamados Diablitos en nuestra
Ciudad.
El Dr. José María Martínez
Pardo, quien escribió mucho sobre nuestras fiestas por allá en 1870 dice que
averiguar el origen de la costumbre de los diablitos en Antioquia no le ha sido
posible; que ella viene de más allá de mediados del siglo antepasado, esto es,
de antes de 1650 y se pregunta si puede ser una parodia del festival de Roma o
del carnaval de Venecia.
Se ha dicho que, a finales del
Siglo XVI, concretamente entre 1570 y 1580 se iniciaron en esta Ciudad de
Antioquia unas fiestas decembrinas que se hacían a continuación de las de la
Inmaculada Concepción que terminaban el 15 de diciembre y se prolongaban hasta
el 31 del mismo mes. Igualmente se tiene información en el sentido de que
comprendían toros, bailes, riñas de gallos, carreras de caballos, juegos de
azar y otras diversiones, pero no se menciona que participaran disfrazados con
el nombre de Diablitos.
Sobre los disfrazados de
diablitos, luego de leer un poco el libro “Antioquia bajo los Austrias”, me permito
exponer lo siguiente:
En 1540 nació en Lisboa
(Portugal) Damián de Silva, persona de noble linaje, pariente de otro noble
llamado Ruy Gómez de Silva, la persona a quien más quería Felipe II, hijo del
Emperador Carlos V. quien fue Rey de España. Dice el libro que vengo
comentando, “que después de su padre, Ruy Gómez de Silva era la persona que
tenía sobre el príncipe “una influencia quieta” que penetraba por el punto de
menor resistencia aprovechando la única y gran confianza de Felipe. Que como
siempre estaba con Don Felipe en todas partes y que cuando aquel después de
enviudar fue enviado a Bruselas por el Emperador, salían ENMASCARADOS a
divertirse junto con el duque de Saboya…”
Coincide lo anterior con el hecho de que desde
1459 se celebran en Bruselas (Bélgica) las fiestas de la cerveza y en ellas se
disfrazaba la gente a caballo.
También dice que Damián de
Silva vivió en la Corte de Portugal y que más adelante fue muy estimado en la
Corte de España donde era tenido por hombre noble de su patria.
En 1573 casó en la Ciudad de
Tunja con la señora Juana Taborda, quien hacía poco tiempo había llegado de
Santafé de Antioquia a residir a dicha Ciudad con sus tres hijos y su esposo Fernando
de Zafra Centeno, éste último falleció a los pocos días de su llegada. Éstos
fueron los padres de María Centeno, la mujer que fue líder en la minería en
Antioquia. Luego del matrimonio con el Señor de Silva, su tercer esposo,
regresó la señora Taborda con su cónyuge e hijos a Santafé de Antioquia donde
tenía inmensa fortuna. El Sr. Damián de Silva no poseía bienes, pero tuvo que
encarar muchos pleitos y sufrir destierros y encarcelamientos por defender los
de su esposa, que algunos querían arrebatarlos y también por su manera de ser,
digamos que muy travieso, intrépido, que no le temía a nada.
Encontramos, entonces, en la
pág. 154 del libro citado, que el Señor de Silva estuvo en la cárcel de Bogotá,
entre otras, desde agosto de 1595 hasta junio de 1596, cuando salió a cumplir
la sentencia que lo condenó a 5 años de destierro de la Corte, es decir de
Bogotá, con cinco leguas a la redonda, pena que se le conmutó para pagarla en
la ciudad de Santafé de Antioquia a la misma distancia y por el mismo tiempo,
como quien dice cuatro años de destierro que le faltaban.
Don Damián salió de Bogotá
para Santa Fe de Antioquia el 8 de agosto de 1596 a cumplir la sentencia, así
que terminaría de pagar el 8 de agosto de 1600.
A continuación, transcribo la página 155 del
citado libro: “De Mariquita se regresó Silva a la ciudad de Santafé de
Antioquia, pero cuidándose muy bien de aparentar no entrar en ella para cumplir
con lo ordenado por la Real Audiencia, por lo que se aposentó en “una casilla o
rancho de los indios de su encomienda a la orilla del río Tonusco a 200 pasos
de las casas de la ciudad”. Sin embargo, según parece, quebrantaba el destierro
permanentemente, al decir de Alonso de Rodas “haciendo banquetes y paseando en
la plaza y calles, públicamente asistiendo en los toros y fiestas que en aquella
ciudad hubo en aquella época… ” Como podemos ver, hasta este año 1597, no se
mencionan en las fiestas decembrinas disfrazados. Se informa sí, que don Damián
estuvo en las fiestas de ese año, aunque estaba pagando pena de destierro.
TENEMOS LO SIGUIENTE: A los
negros e indios que había en la Ciudad en aquellos tiempos no les era permitido
participar en las fiestas. Los españoles y criollos no tenían necesidad de
disfrazarse porque no tenían problemas con la autoridad y muy posiblemente ni
siquiera conocían de esta clase de diversión. El que no podía mostrarse mucho
porque estaba pagando condena de destierro era Don Damián de Silva, amigo de la
alegría y el regocijo, por lo que no es extraño que para participar a
escondidas, haya recurrido a la antigua práctica de su familiar en Bruselas y
también para burlarse de los integrantes de la autoridad con los que tenía
problemas. Muy posiblemente comenzó a disfrazarse a caballo con varios de sus
amigos en 1598, por lo que en ese año, pienso que nacieron los disfrazados con
sus máscaras, capirotes, capas, alpargatas y demás atuendos cubriendo sus
cuerpos para que nadie los conociera. Esto era lo importante: que por ningún
descuido los conocieran.
En cuanto al nombre de
Diablitos, es posible que lo hayan usado los primeros disfrazados dándole el
significado de Negrito Travieso. Don Damián se había criado en la Corte de
Portugal, estaba acostumbrado al buen vivir, sabía de la diversión con máscaras
y disponía de dinero, caballos y demás bienes de fortuna de su esposa; era
orgulloso y no iba a salir mal presentado.
Esta novedad de disfrazados, muy posiblemente
continuó durante los años siguientes en que estaba pagando su pena de destierro
y al cumplir el tiempo de condena, ya los disfrazados eran parte de las fiestas decembrinas, por lo que
continuaron saliendo el 28 de diciembre día de los santos inocentes y fueron
tan impactantes, que las fiestas decembrinas pasaron a llamarse y aún se llaman
fiesta de los Diablitos y con este nombre fueron oficializadas en 1653 por el
Regidor Don Manuel de Benavides y Ayala. Las cosas importantes las hacen
hombres importantes.
Los disfrazados a pie vinieron
después de la libertad de los esclavos, valga decir, pasado el año de 1851,
cuando a los negros y esclavos se les reconoció la libertad y algunos tímidos
derechos, pero como la pobreza económica de esta clase social se acentuó más al
quedar sin la protección de un amo rico, escogieron el 29 de diciembre para
disfrazarse a pie. Aprendieron a hacer sus máscaras de papel y usaban la tela
más barata: satín, que es la misma con la que vestían a los apóstoles.
Cómo sería la pobreza de aquel
entonces que ya pasados muchos años de la libertad de los esclavos, durante el
tiempo en que construían el Puente de Occidente, entre 1888 y 1895, muchos niños
del caserío Goyás se venían por la mañana a ver trabajar en la construcción del
Puente de Occidente, procurando al máximo que los trabajadores no los vieran
porque andaban desnudos. Ni sigamos...
En cuanto a la palabra
Diablito debe dársele el significado de negrito travieso y muy posiblemente
comenzó a mencionarse desde la salida de los primeros disfrazados. Efectivamente, para este caso, nadie más
travieso en su tiempo que Don Damián de Silva, quien era un hombre andariego,
festivo, buena vida, jugador, mujeriego y que mantenía impacientes a las
autoridades con sus pleitos y denuncias que casi siempre les ganaba. Este señor
había llegado de España y allá murió en 1608.
Lo que dejo expuesto es un
conjunto de hechos coincidentes que me llevan a deducir algo que no está
históricamente registrado en ningún libro o anotación oficial. Queda así
planteada la hipótesis o teoría que presento sobre la aparición de Los
Diablitos en nuestra Ciudad en el año 1598; la razón fue la necesidad que tenía
un hombre importante y travieso de participar en las fiestas decembrinas y el
nombre del personaje que bien pudo comenzarlas fue Damián de Silva.
Nuestras fiestas han tenido
muchas innovaciones, por ejemplo: hasta el año 1973 no había desfile de
apertura el 22 de diciembre. Simplemente se iniciaban las fiestas con los toros
que se hacían ese día. Pero en 1974, si mal no estoy, un alcalde llamado
Baldomero, no recuerdo su apellido, pero me parece que era Otálvaro mandó a
hacer un bohío a Dabeiba y el 22 de diciembre de ese año hizo el primer desfile
de la Glorieta a la Plaza Principal con ese bohío y ahí se comenzó con los
desfiles del 22 de diciembre. Luego se le agregó la tirada de maicena y todo lo
demás.
Ahora sí, para no volverme tan
cansón con lo de los diablitos y para que este impreso no quede como tan recortado agreguemos algo del
Santafé de Antioquia del pasado cercano, pero no de lo malo sino de lo bueno,
de lo que yo conocí y de lo que me han contado; de pronto puede interesar a alguien que le agrade la historia contemporánea de la
Ciudad.
Corría la década de 1950. En días de semana, a
excepción de los viernes y los sábados, esto es, la víspera y el día de
mercado, la Plaza Principal era muy sola y llena de silencio pues no había
carros ni equipos de sonido en movimiento. En las horas de la mañana, al frente
del edificio de la Alcaldía, en ese tiempo revocado todo en cemento sin pintar
y sin balcones, debajo de un árbol grande de mamoncillo que estaba delante de
su puerta principal de entrada, como a unos 10 ó 15 metros del borde de la
acera, todo lo que había era unos pocos toldos de carnicería con sus dueños, unos
cuantos compradores del producto, perros callejeros y gallinazos listos a
sacarse la carne de las bateas de madera en que se acostumbraba mantenerla para
no guindarla toda en ganchos metálicos.
En frente de la casa de Misiá (así se decía en esa
época) María del Rosario Arrubla, en lo que es hoy el Hotel Caserón Plaza,
todos los días de la semana, hasta las doce del mediodía, había un grupito de
señoras y unos cuantos señores que vendían verduras, guineos, bananos verdes,
yucas, tomates, cebollas, ahuyama, cidras, arracachas, fríjoles, etc., sobre
sucios costales extendidos en el piso empedrado en tierra, así como también en canastas que colocaban
encima de cajones de panela y en muy poca cantidad, arepas de callana,
empanadas y pasteles de carne que hacían y traían de algunas casas para venderlos
a los que participaban en ese mini mercado.
En términos generales, el ambiente de la gran plaza
de la Ciudad de Santafé de Antioquia era de continua y angustiosa soledad.
Antes de 1948, los pocos
carros que por aquí transitaban rumbo a Occidente venían por el Puente de
Occidente, llegaban al Llano de Bolívar y pasaban retirado del centro por la
llamada hoy Carretera Vieja. Entonces
las autoridades de aquí solicitaron abrir la carretera por donde está el Liceo
San Luis Gonzaga para que todos los vehículos entraran a la Plaza Principal y
le dieran un poco de movimiento comercial. Efectivamente, en El Llano de
Bolívar, en la esquina donde hoy está el negocio Mariangel se hizo el desvío y
se pusieron unos postes en lo ancho de la carretera que había primero y los
carros comenzaron a entrar a la plaza donde no había siquiera un negocio que
vendiera tinto.
Los camiones
escaleras, que eran los que transportaban pasajeros iban hasta Frontino y
Dabeiba y como salían muy temprano de Medellín o de la población donde habían
llegado el día anterior, pasaban por la plaza de nuestra Ciudad antes del mediodía.
La tercera
parte de lo que hoy tiene de largo todo el local donde funciona el Restaurante
El Pielroja, con el frente que da a la Plaza Principal, lo compró Pedro Macías
en 1950 por $ 4.000; después adquirió del mismo vendedor, Donato González, los otros
dos locales que estaban por la calle 10, cada uno a $ 4.000, según me lo contó
Fabio Vargas Castañeda, más conocido como Frasquito quien hoy tiene más de
ochenta años de edad. En ese primer local que era muy pequeño, antes había una
tienda y, una vez lo adquirió Pedro, comenzó a vender a los pocos conductores y
pasajeros de las jaulas y camiones-escaleras que iban para Urabá o que venían
de esa región para Medellín, carne (como en troncos) de cerdo frita con arepa,
avena, café con leche, papas rellenas y empanadas. Nada de platos de comida
como se hace hoy en este restaurante. En el Bienmesabe Nro. 17 dije más o menos
que esos locales y otros vecinos se quemaron en 1960 y entonces Pedro,
aconsejado por el oficial de construcción Alfonso Vargas, más conocido como
Cocorote, unió sus tres locales en uno solo como hoy se encuentran. Todos tenían sus puertas de madera y, obvio, se
quemaron. Se comenzó la restauración o reconstrucción de techos, se hicieron
nuevos servicios sanitarios, nueva cocina, en el interior del local de
enseguida que era un portón grande que Pedro también había comprado a Julio
Ocampo en $ 3.000, situado en la carrera 9 Nro. 9-82 pero cuando llegó a lo de
las puertas estaba escaso de dinero y entonces verbalmente solicitó permiso al
Sr. Alcalde de ese entonces para colocar provisionalmente unas rejas metálicas,
que eran mucho más baratas mientras reunía dinero para mandar a hacer las
puertas de madera que eran grandes, gruesas y muy costosas. Por considerar la
situación económica de Pedro, quien había perdido todo en ese incendio, el Sr.
Alcalde aceptó que provisionalmente pusiera las rejas metálicas, y vea, esto
hace 58 años que ocurrió y todavía no se han colocado las puertas de madera en
cumplimiento del compromiso adquirido. Las rejas metálicas que se le colocaron
y que todavía están ahí fueron compradas por Pedro Macías a la Lavandería
Central en Medellín, según me lo contó Juan Carlos Hernández Rueda, actual
Administrador del restaurante El Pielroja.
Aquí en Santafé de Antioquia no se
puede creer en cosas provisionales porque todo se convierte en definitivo o
tradicional. Por eso, ese sector se observa deslucido por no decir feo, en
contraste con buena parte del resto de locales de la plaza principal y en
contra de la normatividad que regula los monumentos históricos como lo es
nuestra Ciudad. De esto no hay nada en los archivos del Municipio donde estuve
buscando, porque era un permiso tan provisional y por tan poco tiempo que ni
siquiera ameritaba una resolución.
Es posible que los que hoy son propietarios de esos locales, en un acto de
amor por la Ciudad si se les cuenta la historia, quieran ver esta parte de la
plaza como era antes de 1960, por lo
que considero que vale la pena hablar con ellos a ver qué se consigue. Ya el
problema sería conseguir el permiso con la Oficina de Planeación porque los
actuales jefes de esa dependencia no conocieron cómo eran las puertas en ese
tiempo. Mejor ni hablemos. Esto sería, como decimos ahora, un camello.
Las pocas personas, unas 3 ó 4 que vendían frutas a
los pasajeros, lo hacían en la calle al frente del restaurante El Pielroja
donde paraban los vehículos, sin toldos, únicamente con la muestra en las manos
y el resto en el costal que se llevaba sobre el hombro o colocado en el piso. Sabían
que el camión escalera que venía de Dabeiba era el último que pasaba y que en
éste tenían que hacer la mejor venta o, de lo contrario, sus productos se
quedaban hasta el otro día y muchas veces amanecían estropeados y ya era
difícil venderlos.
La abundancia de frutas en las fincas cercanas al
casco urbano servía como fuente de empleo a buena parte de la población de la
Ciudad, pues había que cogerlas, empacarlas en costales, traerlas en bueyes a
la oficina del Transporte, llevarlas a Medellín y comercializarlas en esa
Ciudad. Coger frutas de encumbrados árboles era un trabajo muy bien remunerado
y muchos se ganaban la vida haciéndolo. De tantos que conocí al que más
recuerdo es a uno que le decíamos Luis el Catequisto, por haber sido
catequizado y traído con su mamá y sus tres hermanas por las Misioneras de la
Madre Laura de por allá del Corregimiento Nutibara. Ese grupo familiar vivió
recién llegado muy cerca de mi casa. Con gran dominio de su arte, el Catequisto
se desempeñaba muy bien, con lazos y un largo garabato se colgaba a coger
frutas en los extremos de los frondosos árboles. Falleció hace menos de tres
años, cuando comenzaba a disfrutar la pensión de jubilación que le llegó por
sustitución al morir una de sus tantas compañeras que con facilidad conquistó
por ser considerado por las damas de su clase como un hombre atractivo,
relajado e interesante.
Sigamos porque ya me metí por donde no es y al
final no voy a escribir lo que quiero. Vamos: Por aquellos años de la década de
1950, los Alcaldes eran muy exigentes y les gustaba mucho ver la Ciudad bien
presentada; constantemente salían por los barrios, sin escoltas porque no se
usaban a revisar que no hubiera basuras, huecos o aguas corriendo en las
calles. En cuanto a la Plaza Principal, aunque no venía nadie a visitarnos,
tenía que estar barrida, limpia y sin toldos a partir de la una de la tarde,
así que los carniceros, los vendedores de verduras y de frutas, aunque no
ocupaban un lugar de manera permanente, la desocupaban antes del mediodía. Al
otro día, muy por la mañana, volvían a armar los toldos o a extender sus
costales sobre el piso empedrado para colocar allí sus artículos que ofrecían
en venta.
Ahí fue cuando, según me lo contó Oscar Uribe, más conocido
como kilómetro, Don Juan Evangelista Restrepo, negociante del fríjol llamado
Guasabro, que era de una calidad tan especial que hasta dicen que en buena
cantidad de bultos se exportaba por Barranquilla, solicitó permiso al Sr.
Alcalde para dejar los viernes en la plaza principal armado su toldo para
comenzar sus ventas en la madrugada del sábado, lo que le fue concedido y
entonces otros también instalaron los suyos y se inició el desorden que casi no
llega a su fin, como lo expuse en otro Bienmesabe, cuyo número no recuerdo.
Más adelante, a mediados de la década de 1960, Don
Octavio Legarda instaló un kiosco sobre el andén de cemento de unos dos metros
y medio de ancho que bordeaba el parque Juan del Corral, en todo el vértice
oriental del mismo, frente a la Catedral, donde vendía comestibles y por fuera
de él frutas a los pocos viajeros que de pronto se bajaban del carro a dar una
vuelta por la plaza. También comenzó su venta de pulpas de tamarindo la Sra.
Juana Tallo y un señor que llamaban con el apodo de Manizales inició la suya en
un toldito de frutas. Para mí estos fueron los iniciadores en la Ciudad, de la venta de frutas en toldos, los que muy despacio,
uno por uno, fueron aumentando.
Todo en ese tiempo era quietud; los días y los años
daban la impresión de ser larguísimos y nadie tenía dinero, visión ni
iniciativa para el negocio. Con la pavimentación de la carretera de Medellín
hasta aquí a mediados de la década de 1970 y por la propaganda que a la Ciudad
le hacían en el periódico El Colombiano y otros medios de comunicación, en la
década de 1980 comenzaron a llegar los fines de semana, algunos carros con
paseos de escuelas y más adelante los llamados turistas que venían a pasar la
noche dado que Medellín quedaba muy lejos por la subida a Boquerón y entonces otras personas con necesidad de
trabajar, también iniciaron la venta de frutas en toldos que fueron armando
sobre el piso de la Plaza, alrededor del andén del Parque Juan del Corral.
Con el movimiento político conocido con el nombre
de la ANAPO en 1970 llegó el desorden total a la Plaza Principal: se dejaron
instalados allí día y noche los toldos del mercado y se colocaron otros para
cocinar y vender alimentos y, obvio, también quedaron los de las frutas
alrededor del parque Juan del Corral. A todo esto le comenzaron a aplicar
política y muchos consiguieron un puesto en este espacio con el voto que
sufragaban en favor de un concejal. Llegó la elección popular de Alcaldes en
1988 y todo empeoró porque vinieron las promesas de acomodar más gente allí a
cambio de votos por los candidatos a la Alcaldía y al Concejo Municipal.
Esos toldos fueron traídos para la nueva Plaza de
Mercado recién inaugurada por el Sr. Alcalde Municipal de ese tiempo, Dr.
William Rivera Bran, pero luego él mismo los regresó a la Plaza Principal, sin
que yo pueda decir la razón que tuvo para hacerlo, y ahí fue cuando se creció
más el problema, porque aumentaron los vendedores de frutas.
Dejemos hasta aquí para que algunos de mis amigos
no brinquen y digan que yo escribo muy largo. ¡Hasta el próximo año!
sábado, 15 de diciembre de 2018
Homenaje a Julio Vives Guerra
Episodio 1: ¿Por qué la Casa Negra se llama así?
Periodista, poeta, cronista... Sin lugar a dudas, Julio Vives Guerra, seudónimo más conocido de José Velásquez García, es el escritor más grande que ha dado la ciudad de Antioquia.
En Gestas de la mi cibdad, Vives Guerra nos cuenta por qué la Casa Negra, actual sede de nuestro centro de historia, y casa en la que él creció, recibe este nombre. Damos inicio con este vídeo podcast a una serie en homenaje a nuestro escritor.
Se puede acceder a él haciendo clic aquí.

La Casa Negra
viernes, 31 de agosto de 2018
Antioquia Histórica, números 75 y 76 de 2017
Compartimos esta vez la edición del volumen correspondiente a los números 76 y 77 de nuestra revista Antioquia Histórica. En él encontrarán siete artículos de gran variedad e interés, en el que se incluye el texto de nuestro miembro honorario, doctor Alberto Velásquez Martínez, El Quijote en América, del cual ya publicamos los audios en este blog. Puede acceder a la revista haciendo clic en la imagen:
miércoles, 30 de mayo de 2018
El camino del Espíritu Santo
Ponencia presentada por nuestro miembro correspondiente, doctor Jairo Casas, el mes de abril pasado, en la Academia Antioqueña de Historia. (Puede hacer clic en la imagen para ver la ponencia.)
domingo, 6 de mayo de 2018
Diálogos con Julio
Una nueva crónica de Samuel Aguinaga, en El Bienmesabe (extraída de http://santafedeantioquia.net, a quien agradecemos.). Esta vez nos cuenta de sus diálogos con don Julio Duque, quien fuera protagonista y testigo de muchos hechos ocurridos en Santa Fe de Antioquia durante el siglo XX. Pasen un buen rato, leyendo a Samuel.
DIÁLOGOS CON
JULIO
“La cultura no se vende, se regala”
Por: Samuel E. Aguinaga Alcaraz, en El Bienmesabe.
Continuación de los DIÁLOGOS CON JULIO, en el que
viene contando cómo se inició en el estudio de la electrónica y lo de la
emisora y otras cositas.
JULIO – En el mes de junio de cada año, celebraban
en el colegio con mucha pompa la fiesta de San Luis Gonzaga. Un hijo de Don
Carlos Herrera, que se llamaba Bernardo Herrera, tenía una emisora local desde
comienzos de los años veinte e iba a instalar sus equipos para transmitir la
fiesta que era: rosario, misa, predicación y de todo eso como ocho días a ese
golpe. Esto fue en los años 30 del siglo pasado. Un día la emisora no
funcionaba y el que la manejaba luchaba y luchaba y nada. Yo me acerqué, miré
bien y logré ver que había un cable zafado y entonces me fui a la casa, busqué
un cautín que días antes me había regalado mi tío Toño Duque para hacer
soldaduras a ciertos aparatos de luz, cogí un poco de soldadura que tenía con
el cautín y me vine para el colegio. Llegué y sin decirle nada a nadie soldé el
cable en el puntico donde vi que había estado pegado y luego le dije al que
estaba arreglando el equipo que lo prendiera, lo prendió y de inmediato comenzó
a sonar el ruido del volumen. Eso se volvió una admiración y yo me consagré, o
mejor dicho, me consagraron como un sabio en electricidad. De ahí en adelante,
yo tenía que estar pendiente de los equipos eléctricos cuando transmitían
sermones o procesiones como la del Corpus Cristi y otras. Más adelante me matriculé
en las escuelas internaciones y mandaba la plata y de allá me mandaban las
lecciones para aprender electrónica, porque por aquí ya había radiecitos,
pero se dañaban y no había quién los arreglara.
Yo hice muchas cosas de joven bregando a solucionar
los problemas a la gente necesitada, por ejemplo, tuve un proyector de cine y
daba cine en la pared del interior de esta casa. El que salía a anunciar las
películas era este muchacho que ya murió que lo llamaban El Borracho, el hacía
el anuncio con una cartulina enrollada para que la voz saliera más fuerte,
de medio día en adelante salía de esquina en esquina anunciando la película del
día. Recuerdo que ese muchachito era más malgeniado que el mismo Diablo, pero
yo lo corregía y no decía nada. Cuando ya fue mayor fuimos buenos amigos y
siempre guardaba un respeto único por mí.
SAMUEL – Julio: ¿y de fotografía qué?
JULIO – Pues que aquí había un problema muy grande,
porque la gente bien pobre y para sacar la cédula o la libreta militar tenía
que ir a retratarse a Medellín. Entonces yo me conseguí una máquina de
retratar de esas que eran con trípode y que tenía que utilizar una
ponchera con agua y uno tenía que cubrirse con una manta todo el cuerpo
desde la cabeza y luego revelar el rollo, con el fin de que la gente se
retratara aquí mismo y no le saliera tan caro el retrato. Aquí no había plata,
hombre… Samuel –ya me lo contaste, Julio, ya me lo contaste- y a
mucha gente yo la retrataba y no le cobraba, porque para qué si sabía que no
tenía con qué pagar…
Es que mi papá, no sé por qué, tal vez por
cuestiones de negocio, era amigo de un señor de apellido Oduperli, me parece
que era, el que tenía en Medellín un taller y ahí mismo un almacén de esos
artículos de fotografía. Eso quedaba en el centro de Medellín y el Viejo me
llevó allá y me presentó a ese señor y el mismo día el señor este me mostró
todos los pasos que había que tener en cuenta para retratar a una persona. Me
mostró máquinas, la forma de revelar las fotos y todo, todo. Entonces más adelantico
compré la máquina y las cosas se me facilitaron porque ya tenía donde comprar
todo lo necesario como papel y ciertos líquidos para revelar el rollo. Comencé
y al principio las cosas no salían muy bien, pero con el tiempo fueron
mejorando y yo era el único que retrataba aquí, sin que se me ocurriera
retratar calles, callejones o casas. De esas cosas que no me dio por retratar
nada. Por eso no tengo fotos de la Antioquia que conocí de niño.
SAMUEL – Julio, ¿vos te acordás de un señor
Juanocho que vivió aquí en Antioquia, ya siendo muy de edad y que tenía una
pieza en su casa donde trabajaba la fotografía?
JULIO – Sí hombre. Juanocho trabajó aquí la
fotografía por allá en los años sesenta. Me contó que cuando era joven vivió en
Inglaterra y que se aburría mucho allá, porque para todo era un ritual muy
cansón. Que por ejemplo para ir al comedor a tomar algún alimento tenía que
presentarse bien vestido y de moño o corbata o de lo contrario era mal visto
por los de allá.
SAMUEL – Ese señor se llamaba Juan Ochoa y
recuerdo que era de genio dócil y amable y tenía su gracia cuando hablaba.
Decía sufrir del corazón y en una ocasión presintió que su muerte estaba muy
cerca y entonces cogió la máquina de retratar y la limpió bien, la envolvió en
papeles muy finos de esa época, la amarró con un cáñamo y la guardó. Igualmente
guardó la manta con la que se cubría el cuerpo cuando tomaba las fotos, la
ponchera y demás implementos de su trabajo y cuando la señora que llamaba
Matilde le preguntó que porqué hacía eso, le respondió que porque ya se iba a
morir. Yo trabajaba en la Casa Negra en el Juzgado de Menores y ahí cerquita
vivía él y su esposa, en la casa donde hoy vive el Notario. Cuando ya tenía
todo bien guardado apareció un policía y le dijo que tenía mucha necesidad de
que lo retratara para mandar esa foto con otros documentos al Comando de la
Policía de Medellín. Juanocho le dijo que ya él había guardado todas esas cosas
de la fotografía porque se iba a morir y que por nada iba a volver a soltar
todo eso para tomar una foto. El Policía le insistió tanto que tenía que llevar
ese retrato urgente y en fin, lo jodió tanto que al final Juanocho aceptó abrir
la pieza donde tenía todos esos implementos. Soltó la máquina y bueno, retrató
al policía y de inmediato se puso a revelar el rollo. Al otro día vino el
policía a reclamar la foto, Juanocho se la entregó y tan pronto la tuvo en
la mano dijo: ¡Noooo, pero ese no soy yo! ¿Eso tan feo? Yo no recibo ese
retrato ni se lo pago… A Juanocho le dio rabia y le dijo: — Eso es lo malo
que usted vino ayer como un policía a retratarse y quiere salir en el retrato
como un General… Yo no puedo hacer milagros aquí… Al policía le dio tanta
rabia, que de inmediato lo cogió del brazo y se lo llevó para la cárcel. En ese
tiempo los abusos de la autoridad eran el pan nuestro de cada día. Como era un
hombre con buenos amigos, de inmediato la gente le contó a Don Alberto Martínez
y éste fue donde el alcalde y ahí mismo lo dejaron libre.
JULIO – Sí, ese señor era gracioso. ¡Ah … y
vos no te acordás lo que ocurrió en la salina de Alberto Martínez…!
SAMUEL –No Julio, no recuerdo... –Ah, pues que Alberto era muy buen charlador y
se inventaba algunas cosas que ni el Diablo… por ver qué decía Juanocho,
una vez le dijo: ¡Juanocho, el Papa dictó un decreto diciendo que ya no es
pecado hacer el amor por fuera del matrimonio…! ¿Qué opinás vos de eso? Y
dijo Juanocho:– ¡A buena hora viene a dictar ese decreto, cuando yo ya no
puedo hacer nada… !
SAMUEL — Hemos tenido en nuestra Ciudad personas muy
graciosas como Pachito Cardona, ese que vino de policía y aquí se quedó… decía
cuando se emborrachaba que tenía una finca con ríos que nacían y morían en
la misma finca, con más de quinientos mayordomos, tigres y leones, etc. A ese
Pachito el superior que era un teniente le llamó la atención porque en los
últimos cinco años no había metido a la cárcel ni a una persona. Le dijo que no
justificaba el sueldo que se ganaba y entonces Pachito salió del
comando, se vino y le dijo a Jorge Serna, su amigo más querido, que lo
iba a meter a la cárcel para tener la oportunidad de presentar un informe
sobre captura de un individuo por sospecha y aunque Jorge le rogó que no lo
metiera porque estaba muy ocupado arreglando una bicicleta, siempre lo llevó a
la cárcel y cómo no había cometido ningún delito, al poco rato lo soltaron y
una vez estuvo Jorge en la calle se pusieron los dos a tomar trago y a reírse.
¡Ese Pachito era muy charro…!
SAMUEL –Julio y de este almacén ¿qué? Vos te
acordás ¿cuándo y cómo empezó?
Este almacén
Suyo comenzó en 1948 en un local de las Lozanos, donde hoy está el Bar o Cafetería
El Tamarindo. Las Pinedas eran: Pastora, Carmen y Teresita, muchachas que
trabajaban la modistería en su casa que era por la calle del Medio entre el
callejón de la Planta y La Pola y de allá se bajaron para el local de las
Lozanos y allí comenzaron a trabajar. Este edificio donde hoy está el Almacén
Suyo era de Don Andrés Londoño y de mi papá que se llamaba Clemente Barrera y
de esas cosas que a Don Andrés se le propuso vender la parte de él y se la
vendió fiada a Pastora y entonces ella y sus hermanas pasaron el almacén para
esta parte. Pero esto no era así. Aquí había un local para la tienda que era de
mi papá y una sastrería donde trabajaba Horacio Cruz y se reunían todos los
vagos de la Ciudad, al igual que en la sastrería de Múchica. Entonces se
invirtió una plata y se le cambiaron pisos y se le echó la plancha en concreto
y así está como se reformó en ese tiempo, hace más de cincuenta años. Su primer
teléfono era el número 14, si mal no recuerdo, por aquí está todavía. Esto todo
se consiguió por el buen genio de Pastora y gracias a su manera de conversar
que era una persona muy especial. Yo le hacía la propaganda en la emisora
RADIOSERVICIO y para promocionarlo, Pastora me daba algunos artículos como
ollas de aluminio para que los rifara los domingos. Las cosas se fueron yendo y
ve, hasta ahora, todavía estamos aquí. En ese tiempo había muy pocas casas o
negocios con teléfono. Este almacén tenía el número 14 de modo que hasta ese
momento había 14 teléfonos.
SAMUEL — Julio, ¿y de la fábrica de refrescos
SABORA qué?
JULIO: Éramos un grupo de amigos que no
sabíamos qué hacer con esa situación de desempleo que había en ese tiempo. Ahí
estábamos Horacio Vargas, Benjamín Vargas y otros que no recuerdo, medio
pudientes y apareció Otoniel Urrego, que andaba en muletas, con una fórmula
inventada por unos alemanes para preparar refrescos. Entonces compramos ollas
de aluminio, mecedores, coladores y demás recipientes necesarios. El polvo para
dar el color y el sabor nos lo vendían los alemanes esos y nosotros comprábamos
el azúcar y preparábamos el refresco que podía ser parecido a la
cartarroja, a la limonada o a cualquier otro sabor y le poníamos el nombre. Yo
era el catador, es decir, el que decía al trabajador que lo preparaba, pónganle
más azúcar o menos azúcar, un poco más del polvo ese o un poco menos y así.
Benjamín Vargas compraba al por mayor el azúcar en Medellín. Tomamos en
alquiler una casa, tuvimos varios trabajadores como ocho o diez y todo
marchaba muy bien, pero llegó el momento en que una fábrica grande de refrescos
de Medellín no permitía que a Benjamín le vendieran el azúcar por bultos, sino
por libras y hasta ahí llegamos, porque carecíamos de esa materia prima. Se
acabó la producción de SABORA y todas esas ollas y demás las guardamos en la
pieza donde yo guardo chécheres como te he contado. Esa fabriquita
funcionó a finales de los años cincuenta o comienzos de los años sesenta y ocupaba
especialmente muchachas, no recuerdo bien cuántas.
SAMUEL – Hombre Julio, en esta casa donde has
vivido, tenías el taller de radios, proyectabas películas, hacías
transmisiones, tertuliabas con tus amigos, hacías de todo. ¿Te ocurrió algún
caso especial?
JULIO, – No, todo era muy normal. Me llamó mucho la
atención fue una vez que se le cayó un ojo a la Virgen de la Soledad de la
Catedral y estaba muy encima la semana santa, entonces las encargadas de la
imagen que eran unas señoras de la Calle de la Amargura, entre ellas Doña
Teresita Patín, vinieron donde mí y me dijeron que si me podían traer la Virgen
para que yo le pegara el ojo, pero que tenía que quedar en cierta forma, como
mirando para el cielo. Yo les dije que sí y entonces me la trajeron y yo en las
horas de la noche y poniéndole una pega que se usaba en ese tiempo jodí y
jodí hasta que al fin le coloqué el ojo tan preciso que no se notaba que se
hubiera despegado. Al otro día vinieron, observaron la virgen, dijeron que el
ojo le había quedado perfecto, me preguntaron cuánto me debían y les dije que
nada. Misia Teresita se fue tan contenta que al final me dijo que la Virgen me
pagaría y que me encomendaría en sus oraciones de esa Semana Santa a la
Soledad, como si yo fuera muy creyente, pero de todas maneras le dije que le
quedaba muy agradecido por sus ruegos.
SAMUEL – Julio, ¿fuera de Antioquia y Medellín,
conocés otra ciudad?
JULIO, – Yo conocí a Medellín por allá en mil
novecientos treinta y siete, esto es cuando tenía catorce años. Me fui con una
tía, hermana de mi papá, en el carro lechero. Salimos a las seis de la mañana y
llegamos al transporte de Medellín a las doce y media del día, más empolvados
que el Diablo. Demoramos tanto porque ese carro tenía que ir primero a
descargar la leche por ahí cerca al Rio Medellín. Nos quedamos como dos o tres
días en Medellín y de ahí nos fuimos en tren para Puerto Berrío y luego
seguimos en barco por el Rio Magdalena hasta Barranquilla donde teníamos una
familiar. Ese barco se llamaba El Atlántico. Allá nos quedamos como dos o
tres meses y en este tiempo pasamos a Cartagena donde estuvimos como tres días.
Allí me bañé en el mar y vi que era mejor que en Barranquilla. Aquí nos
quedamos unos pocos días y me comí unos pescados fritos deliciosos. Yo no había
llegado a comer pescados tan sabrosos. Lo mismo que la alimentación en el barco
que era una verraquera. Nos volvimos a Barranquilla y de nuevo cogimos barco a
Puerto Berrío. Recuerdo que el rio estaba tan seco, que la embarcación a veces
se pegaba en los bancos de arena y con unas palancas tenían que devolverla para
coger la parte por donde podía navegar. Llegamos a Berrío y de nuevo en tren a
Medellín y luego en el lechero vinimos a Antioquia. No había otra clase de
transporte y estaba prácticamente recién hecho el Túnel de La Quiebra que había
sido inaugurado en mil novecientos veintiocho. Todo estaba comenzando porque la
carretera también estaba recién construida. Nunca más volví a salir por
allá tan lejos.
SAMUEL – ¿Cuánto se demoraba el viaje de Puerto
Berrío a Barranquilla?
JULIO – Eso se demoraba como cuatro o cinco días,
pero subiendo se demoraba más porque se secaba el rio y se presentaban
inconvenientes.
SAMUEL – Bueno Julio, lo mejor es que nos
despidamos ya, estas muchachas están moviendo esa registradora en señal de que
se quieren ir a descansar. Nos vimos… Tengo que contarte algo….
Hasta pronto, amigos…
La barca cautiva
De nuestra página hermana http://santafedeantioquia.net, extraemos una nueva crónica de nuestro querido amigo y compañero del Centro de Historia, don Samuel Aguinaga. Como recordaran, Samuel presenta al escrutinio público, cada vez que le provoca, el periódico El Bienmesabe, en el que nos regala las mejores crónicas sobre historia local. Esta vez, se despacha Samuel con la historia de la barca cautiva que construyó el ingeniero Enrique Hausler en el Paso Real, en la ciudad de Antioquia.
Con su humor característico y desenfado para escribir es ésta una lectura inevitable.
Con su humor característico y desenfado para escribir es ésta una lectura inevitable.
LA BARCA CAUTIVA
“La cultura no se vende, se regala”
Por: Samuel E. Aguinaga Alcaraz, en El Bienmesabe.
Según estudios de Don Bernardo Martínez Villa, en
la Revista Antioquia Histórica Nro. 11 y 12 de Julio a Diciembre de 1974, uno
de los europeos que vino a Medellín procedente de Alemania en 1835, fue Don
Enrique Hausler, conocido como Míster Aila, sin ser ni míster ni aila. Este
ciudadano llevó a cabo en esta capital la construcción del puente Colombia
sobre el río Medellín; luego construyó el puente que comunica a Rionegro con
San Antonio de Pereira; el de la quebrada Doña María en Itagüí y el viejo y famoso
puente de Guayaquil, obra amenazada por un alcalde que se las tiraba de
progresista y moderno. Recordemos que por aquellos tiempos, no había puente en
el Paso Real, sino que el cruce del río se hacía en las llamadas balsas o
canoas que rudimentariamente hacían ciertas personas expertas en el manejo de
estos trabajos. Sobre el punto, sigue anotando Don Bernardo: “por concesión
especial del gobierno del doctor Ospina, el Sr. Hausler fue encargado de la
construcción de la barca en el río Cauca, precisamente en el punto denominado
Paso Real, lugar que conduce en seguida a la ciudad de Robledo. Por tal
circunstancia se trasladó a esta ciudad donde estableció su sede de operaciones
con singular empeño. De una bella descripción que hizo don Eladio Gónima (Juan)
el autor de “Teatro de Medellín y Vejeces”, relacionada con un viaje realizado
por él a Antioquia y publicado en el número 31 de “La Miscelánea de Antioquia”
el 26 de marzo de 1857, copiamos lo siguiente, referente a la barca del Paso
Real: “Pasé este río en la barca que construyó para este objeto el inteligente
señor Enrique Hausler, que a verdad es un beneficio inmenso para todos los que
tienen que hacer la travesía de este río. El mecanismo empleado para el pasaje
de la barca es sencillísimo i se reduce solamente a esto: hai un grueso cable
que atraviesa el río i que está asegurado de lado i lado de fuertes pilares; de
este cable pende una garrucha de metal con la cabida suficiente para que pueda
correr libremente por el cable; tiene en el otro extremo que queda libre una
argolla también de metal por la que pasa una cuerda delgada que puede tener
veinte o veinticinco varas, la que viene a unirse o a coger la barca por la
proa. Esta cuerda la lleva un hombre i va alargando o acortando según es más o
menos fuerte la corriente del río. Ahora bien, el paso es pronto i facilísimo,
puesto que todo consiste en un pequeño movimiento que se da al timón lo que
hace que la barca ponga una parte de su costado a la corriente del río haciendo
esta que la garrucha vaya rodando sobre la superficie del cable”.
“El beneficio no se reduce en mi concepto solamente al poco tiempo que se pierde aguardando paso sino que en lo sucesivo las desgracias ocasionadas por las malas calidades de las canoas, que por otra parte son poco apropósito para el río, serán, no digo menos frecuentes, sino que cesarán enteramente…”
(este escrito lo transcribí ortográficamente tal cual como está en la revista del Centro) No conozco las medidas que tenía esta barca, pero según lo dice el mismo escrito, era de tales dimensiones, que en ella pasó el Sr. Obispo Joaquín Guillermo González en 1873, cuando venía a tomar posesión de la Diócesis, con todo un séquito completo de sacerdotes y caballeros y la banda de música con su director a la cabeza, todos cómodamente sentados. Desconozco el año en que la hicieron, pero todo indica que fue a principios de la década de 1850, esto es, en 1851 o 1852 y se sabe que prestó sus servicios hasta 1894, más o menos, cuando comenzó a utilizarse el imponente Puente de Occidente, el que fue oficialmente inaugurado el 27 de diciembre de 1895, para que el Sr. Gobernador del Departamento y su comitiva estuvieran en nuestra Ciudad y disfrutaran de la Fiesta de los Diablitos el 28 de diciembre de ese año. Valga mi cuña para que mis paisanos se den cuenta que nuestra fiesta decembrina, que tantas preocupaciones me ha causado, no era cualquier cosa en otros tiempos.
Ese viejo sitio del Paso Real, concretamente el punto donde llegaba el camino que de Santafé de Antioquia conducía hasta las aguas del Cauca, tiene muchas historias. Por ejemplo, en el punto de llegada, a mano derecha bajando, había una ceiba grande. Creo que fue en la década de 1830, no recuerdo bien la historia, un importante hombre de Estado llamado Juan de Dios Aranzazu vino a la Hacienda Obregón y estuvo allí varios meses buscando una mina de oro. Durante ese tiempo hizo buena amistad con una dama de la alta sociedad santafereña llamada LEOCRICIA PARDO y, como todo, cuando menos pensó, estaba enamorado. Sin pensarlo dos veces, le propuso matrimonio, pero ella le dijo que no le aceptaba porque había hecho un juramento desde niña de vivir en soltería durante toda su vida, por amor a la Virgen o qué sé yo. Cosas de blancas, porque hasta hoy, no conozco que ninguna insinuante y seductora negra haga esta clase de promesas.
“El beneficio no se reduce en mi concepto solamente al poco tiempo que se pierde aguardando paso sino que en lo sucesivo las desgracias ocasionadas por las malas calidades de las canoas, que por otra parte son poco apropósito para el río, serán, no digo menos frecuentes, sino que cesarán enteramente…”
(este escrito lo transcribí ortográficamente tal cual como está en la revista del Centro) No conozco las medidas que tenía esta barca, pero según lo dice el mismo escrito, era de tales dimensiones, que en ella pasó el Sr. Obispo Joaquín Guillermo González en 1873, cuando venía a tomar posesión de la Diócesis, con todo un séquito completo de sacerdotes y caballeros y la banda de música con su director a la cabeza, todos cómodamente sentados. Desconozco el año en que la hicieron, pero todo indica que fue a principios de la década de 1850, esto es, en 1851 o 1852 y se sabe que prestó sus servicios hasta 1894, más o menos, cuando comenzó a utilizarse el imponente Puente de Occidente, el que fue oficialmente inaugurado el 27 de diciembre de 1895, para que el Sr. Gobernador del Departamento y su comitiva estuvieran en nuestra Ciudad y disfrutaran de la Fiesta de los Diablitos el 28 de diciembre de ese año. Valga mi cuña para que mis paisanos se den cuenta que nuestra fiesta decembrina, que tantas preocupaciones me ha causado, no era cualquier cosa en otros tiempos.
Ese viejo sitio del Paso Real, concretamente el punto donde llegaba el camino que de Santafé de Antioquia conducía hasta las aguas del Cauca, tiene muchas historias. Por ejemplo, en el punto de llegada, a mano derecha bajando, había una ceiba grande. Creo que fue en la década de 1830, no recuerdo bien la historia, un importante hombre de Estado llamado Juan de Dios Aranzazu vino a la Hacienda Obregón y estuvo allí varios meses buscando una mina de oro. Durante ese tiempo hizo buena amistad con una dama de la alta sociedad santafereña llamada LEOCRICIA PARDO y, como todo, cuando menos pensó, estaba enamorado. Sin pensarlo dos veces, le propuso matrimonio, pero ella le dijo que no le aceptaba porque había hecho un juramento desde niña de vivir en soltería durante toda su vida, por amor a la Virgen o qué sé yo. Cosas de blancas, porque hasta hoy, no conozco que ninguna insinuante y seductora negra haga esta clase de promesas.
Sigamos porque estoy que me reviento de ganas de
salirme del tema: El hombre, muy despechado, arregló sus corotos en su baúl,
que era lo único que había por aquellos tiempos, porque todavía no se usaban
las maletas, y acompañado de un trabajador, a caballo, se vino de Obregón al
Paso Real, donde se cogía la barca para pasar el río y seguir a Medellín; con
tan buena suerte que, al llegar allí, cansado y maltratado por el fuerte calor,
se acostó a la sombra de la ceiba que antes mencioné, mientras venía la barca
del otro lado, y se puso a rumiar sus recuerdos de amor, se durmió y cuando
despertó le dio por descomponer el nombre de su amada así: las cuatro últimas
letras del apellido le dieron ARDO, la primera del mismo apellido unida a la O
del nombre y la R, le dieron POR, y el resto de las del primer nombre le dieron
completico CECILIA y así compuso “ARDO POR CECILIA”. Entonces se levantó, e
hiriendo con su machete o quién sabe con qué la corteza del árbol, escribió
sobre él esa frase, y la ceiba, que con su sombra le había dado protección de
los candentes rayos del sol, comenzó a llamarse la Ceiba del Anagrama. Estuvo
allí plantada hasta la década de 1960. Ignoro si la tumbaron los de la familia
Ruiz que fueron propietarios de esa finca durante muchos años o si debido a los
barrancos que formaba el río al alejarse de la orilla de este lado, se desplomó
y fue a caer al caudaloso Cauca. Dicen que ese hombre, aunque en mi diccionario
Larousse editado en 1903, no figura entre los gobernantes de este país, más
adelante fue Presidente de Colombia. ¡Vea usted lo que nos perdimos por esta
señorita ponerse a hacer votos de castidad! ¡Qué cosas tiene la vida!
Sigamos: A unos cien metros de la casa de mi amigo Roberto Flórez Acevedo, a mano izquierda bajando, se inicia un pedazo del viejo camino del Paso Real, que quedó después de la construcción de la nueva carretera que lleva de esta Ciudad al Puente José María Villa en este sector, enmalezado y abandonado por la falta de sentido de pertenencia que tanto sufrimos los vecinos de esta Ciudad del Tonusco. Por este camino que lleva al Cauca, unos 300 metros más abajo del puente, transitó gente importante y también esclavos durante la Conquista y la Colonia en viaje al centro del territorio Antioqueño o viceversa. Por aquí anduvieron Gaspar de Rodas, José Antonio Moon y Velarde, Obispos, gobernantes y todos los que vinieron o salieron de nuestra Ciudad cuando fue la capital de la Provincia durante más de 241 años. ¡Qué bueno sería recuperar este pedacito de camino que nos queda, empedrarlo, hacerle aceras a lado y lado, colocarle bustos de personajes de nuestra Ciudad al estilo de la Avenida La Playa de Medellín y arreglarlo para que la gente camine y recuerde en vivo y en directo viejas historias como la que he narrado, la del Puente de la Acequia del Llano que es parte del mismo, la de Moon y Velarde, la del Gobernador José Justo Pabón y tantas otras que se guardan en las revistas del Centro de Historia!
Sigamos: A unos cien metros de la casa de mi amigo Roberto Flórez Acevedo, a mano izquierda bajando, se inicia un pedazo del viejo camino del Paso Real, que quedó después de la construcción de la nueva carretera que lleva de esta Ciudad al Puente José María Villa en este sector, enmalezado y abandonado por la falta de sentido de pertenencia que tanto sufrimos los vecinos de esta Ciudad del Tonusco. Por este camino que lleva al Cauca, unos 300 metros más abajo del puente, transitó gente importante y también esclavos durante la Conquista y la Colonia en viaje al centro del territorio Antioqueño o viceversa. Por aquí anduvieron Gaspar de Rodas, José Antonio Moon y Velarde, Obispos, gobernantes y todos los que vinieron o salieron de nuestra Ciudad cuando fue la capital de la Provincia durante más de 241 años. ¡Qué bueno sería recuperar este pedacito de camino que nos queda, empedrarlo, hacerle aceras a lado y lado, colocarle bustos de personajes de nuestra Ciudad al estilo de la Avenida La Playa de Medellín y arreglarlo para que la gente camine y recuerde en vivo y en directo viejas historias como la que he narrado, la del Puente de la Acequia del Llano que es parte del mismo, la de Moon y Velarde, la del Gobernador José Justo Pabón y tantas otras que se guardan en las revistas del Centro de Historia!
Bueno, me salí un poquito del tema inicial, pero ya
muchos saben que este es mi defecto de fábrica y no puedo dejar de ser como
soy. Vuelvo sobre el tema inicial que es la Barca Cautiva, para terminar,
diciendo lo siguiente: Estuve en Jericó y Jardín y en ambas ciudades hay un
aparato que me parece que se llama teleférico para subir y divisar la parte
urbana desde lo alto de la montaña. Por allá en un pueblo del departamento del
Quindío llamado me parece que Salento, hicieron cantidad de escalas, más de
doscientas para subir a ver una cañada donde dicen que crecen muy bonitas las
palmas de cera, pero yo estuve allá y no vi nada, no hice más que cansarme
todo. No soy visionario, pero me parece que si una empresa como Naturaventura
construyera una barca cautiva imitando la que hubo en otros tiempos, la situara
frente al viejo camino del Paso Real y la dedicara al turismo, con alguien que
contara la historia que dejo narrada, sería un atractivo para los visitantes,
quienes cancelarían gustosos por pasar el Cauca en esta embarcación, como
disfrutamos mi hijo mayor y yo cuando en un planchón pasamos el Cauca en
Magangué en viaje de paseo a Mompox. Hablando con un señor de Montenegro,
población del Quindío, me decía: por aquí con lo que ustedes tienen en Santafé
de Antioquia, como el Puente de Occidente, las iglesias y el sector histórico,
haríamos hasta para vender, porque nosotros sí sabemos sacarle plata al
turismo… Ustedes no aprovechan nada de lo que tienen. Creo que tenía y tiene
razón este paisa.
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